Escritura terapéutica

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Estos días de confinamiento he reservado con especial gusto tiempo para la escritura, como hacía años. Sintiendo que lo que escribo tiene un sentido especial, un poder diferente, de mayor profundidad, convirtiéndose en terapéutico. Este tiempo-no tiempo que vivimos parece tener ese poder, que estamos en contacto con aspectos de nosotros que son de una profundidad especial, quizá más centrales, quizá más sensibles, quizá más necesitados de nuestra atención.

Escribir un diario es darnos el espacio y el tiempo para parar, escucharnos, sentir y reflexionar. Un espacio de intimidad y no juicio. Y dedicarnos eso, es cuidarnos, es darnos valor y escucha, es darnos permiso de ser y de estar con lo que hay. Eso suena en sí mismo a un espacio terapéutico.

En la escritura de un diario íntimo ocurre que muchas veces lo primero que vamos escribiendo es algo así como eliminar todo el ruido que hay en mi. Es como si lo primero que escribo fuera la primera capa. El problema en concreto, la situación que me angustia y me bloquea, la sensación o el sentimiento que me abruma. Es como quitarme la mochila después de un largo día. Y poco a poco voy llegando a sentimientos y a reflexiones de mayor profundidad. Una posibilidad valiosa es esta, volcar sobre el papel lo que me desborda y necesita contención, o quizá lo que necesita orden. Y muchas veces es eso lo que necesito y así está bien, ya que al escribir sacamos fuera, limpiamos, nos damos cuenta, creamos una distancia con lo que nos ocurre. Es como si al escribir encontráramos en el papel contención a lo que hay en nuestro interior, y podemos observar y por tanto se abre la posibilidad a ponerle mayor consciencia, que es la llave hacia nuestro autoconocimiento.

 

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Hace tiempo que voy siguiendo un pequeño ritual antes de ponerme a escribir. Hacer pequeños rituales es también darle valor a lo cotidiano,(en lo diario y sencillo hay mucha grandeza, si nos paramos a verla), honrar nuestros tiempos de conexión y embellecer la vida.

Lo primero que hago es preparar el espacio. Elijo un espacio de mi casa que me resulte acogedor y lo preparo un poco para sentirme más cómoda y en paz. Y muchas veces me sorprendo poniendo algún objeto determinado a mi lado o en la mesa. Una infusión, una velita, a veces una foto o incluso una flor o una piedra que me he encontrado y me ha llamado la atención. Todo esto ayuda si para mi tiene sentido y me ayuda a un mayor recogimiento.

Respiro profundo varias veces, cierro los ojos, conecto conmigo, con mi cuerpo, con mis sensaciones del ahora.

Y me doy cuenta de mi día, y de si hay algo que me pide atención. A veces, me pongo a escribir automáticamente como si mi mano fuera sola y lo permito así, porque no hay nada que buscar, sino que ya está accesible. Pero otras veces, me paro y me pregunto, dirijo la pregunta hacia el centro del cuerpo, como lanzándola a un pozo de los deseos. y desde ahí, desde lo que en mi interior surge, comienzo a escribir. ¿como me siento?¿que hay ahora en mi interior?

 

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¿Cómo puedo hacer de este espacio, de este escrito, una vía hacia la profundidad, hacia el autoconocimiento?

Sería algo así como ir a una capa más profunda, a lo que está bajo mi escrito, a lo que dice de mí, de mi vida, de este momento en concreto, de cómo me relaciono conmigo y con los demás o incluso, qué “partes” de mi personalidad se están poniendo de relieve.

Te propongo un pequeño ejercicio, puedes seguirlo tal cual o simplemente coger lo que te llame la atención, una pregunta en concreto o una propuesta:

El primer paso sería lo que he descrito antes, escribir lo que necesito y me apetece o pararme antes para conectar con lo que “necesita ser escrito”. Luego, relee lo que he plasmado en el papel y te propongo que elijas tres palabras: ¿cuáles serían? Trata de no elegir con la cabeza, sino que sean las que intuitivamente te llamen más la atención, eligiendo sin juzgar, sin poner la etiqueta de ésta está bien o mal, sólo rescatando esas palabras que de alguna manera se hagan más evidentes y escribiéndolas a continuación en forma de lista.

 

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Una vez que las tengas, reléelas, como si las saborearas, como si las destilaras, repitiéndolas internamente… ¿qué sensación me dejan? Igual surge alguna sensación física, alguna imagen, alguna palabra o frase en concreto… puedes apuntarlas, escribir lo más esencial de todo eso que se despierta en ti. O quizá hay una en concreto que te llama poderosamente la atención y quieres escribir acerca de ella.

¿Qué dicen estas sensaciones, estas palabras, de mi vida, de mi momento presente, de cómo me relaciono, de como me trato, por ejemplo? ¿De qué me doy cuenta? ¿Es algo nuevo o algo que se repite en mi vida? ¿Puedo observarlo, estar con ello prestándole atención y cuidado o quizá me sale rápidamente juicio o exigencia?

Quizá surgen pensamientos o sensaciones que me apetece plasmar en el papel, te pediría que fueras a lo más esencial, tratando de no despistarte de lo nuclear.

Y por último: ¿qué necesita todo esto de mi? ¿Qué paso pequeño estaría bien dar? ¿Cómo sería cuidarme-quererme en relación a esto?

Escribe lo que haya surgido, si te surge algo concreto mejor que mejor. A veces no ocurre y está bien así, a veces nos encontramos con aspectos nuestros o emociones que requieren de pequeños pasos, o que requieren de mayor tiempo con ellas y el haberle dedicado este ratito ya es mucho.

Todo este rato que te has dedicado es un rato de profundo autoconocimiento, de escucha interna, así que te invito a que te agradezcas este rato. No subestimes el poder de tu propia compañía, tener una relación sana y amigable con uno mismo es el “trabajo” más importante que podemos hacer.

 

Pilar Pastor Salarrullana   Psicóloga

pilarpastorpsicologa.com