Educa a tus hijos para que sean felices

Vivimos en una sociedad basada en la tecnología y el consumismo, que prima la inmediatez por encima muchas veces del razonamiento. Ante esta vorágine se nos antoja inviable dedicar la paciencia y destreza necesarias para llevar a cabo una educación para nuestros hijos que les convierta en seres competentes, reflexivos, libres y, ante todo, felices.
Además de la naturalidad, indispensable en la crianza de nuestros pequeños, resulta una eficaz herramienta profundizar en sus mecanismos neurológicos, tomándolos como punto de partida para conformar nuestra estrategia educativa.

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Desde fuera hacia dentro

Hasta alcanzar una edad suficiente que les permita juzgar situaciones y actuar de forma autónoma, los niños buscan referencias en el exterior para adecuar sus comportamientos. Uno de los principales nichos de información en el que buscan, por ejemplo, es la expresión facial de las personas que les rodean, en especial de los padres. Por lo tanto y como consecuencia, debemos servir como ejemplo para ellos y comportamos como queremos que nuestros peques aprendan a comportarse. De este modo el niño irá interiorizando las normas educativas que queramos inculcarle, adaptándolas y haciéndolas propias.
Una vez haya desarrollado una completa capacidad de razonamiento, comenzará a cuestionar los ejemplos que otros le ofrecen desde sus propias normas. También resultará muy interesante, en esta etapa más avanzada, animarle a cuestionar tanto lo externo como lo interno, resultando sus valores finales del enriquecedor cruce entre lo aprendido y lo razonado.

→ Elabora un listado en Listas y Prioridades con comportamientos propios incorrectos o poco ejemplares que has desarrollado delante de tus hijos. Reflexiona en tu Diario Personal sobre cómo han podido influir en su educación y qué puedes hacer para cambiarlos la próxima vez.

La importancia de los límites

Los niños necesitan experimentar el “no”. Debemos establecer límites desde fuera para que aprendan a saber colocarlos y gestionarlos de manera autónoma en el futuro. Por lo tanto, debemos reglar el tiempo para que poco a poco puedan ir regulándolo ellos mismos. Controlar su frustración es a su vez muy importante para su felicidad. Si les acostumbramos a conseguir lo que quieren en el momento en que lo quieren, no estarán preparados para afrontar los futuros fracasos que puedan acontecerles. Por pequeños que sean, para ellos serán “el fin del mundo”. Además, un “no” en ocasiones será el que les haga buscar otras opciones, aprendiendo a diversificar y a enriquecer sus recursos.

→ Aunque a veces cuesta resistirse a complacerlos, intenta establecer una “lógica de premios”, de manera que repartamos entre síes y noes la respuesta a sus peticiones. Puedes utilizar Comparativas para establecer cuál es a la larga la mejor respuesta a cada una de sus peticiones más habituales. Así te asegurarás no pasarte de síes o noes y optimizarás ese equitativo reparto. Por supuesto, nos referimos a peticiones determinadas como “no vitales” o “no necesarias”. Si el niño pide agua, la respuesta siempre será sí y no se tendrá en cuenta para la “lógica de premios”.

El lenguaje y su desarrollo

Entre los 18 meses y los 3 años, el habla externa (la nuestra) sirve para iniciar conductas pero no para inhibirlas, produciendo impulsos a la acción. A partir de los 3 años y hasta los 4 y medio aproximadamente, el habla externa sirve tanto para iniciar como para inhibir conductas, y es aquí cuando el habla propia comienza a tener sentido y puede también propiciar el impulso a la acción, coincidiendo este proceso con el desarrollo del significado del contenido. Así, no será hasta los 5 años que tanto el habla externa como el habla propia les puede dar la orden de iniciar o inhibir la acción. Además, hay que tener en cuenta que primero se aprende a comunicarnos con los demás y posteriormente se desarrolla el lenguaje con uno mismo (interno).

→ Ten en cuenta estas limitaciones temporales que, aunque aproximadas, te ayudarán a adecuarte al proceso de aprendizaje del peque. Así sabrás, por ejemplo, que antes de los 3 años es normal que tu hijo de desobedezca. Marca en una Línea de Tiempo estos cambios vitales. Aquí te dejamos un interesante artículo en el que desarrollan estos cambios y te regalan unos cuantos consejos adaptados a cada etapa.

Ventajas de la no sobre-protección

Lejos de hacer un favor a nuestros pequeños, la sobre-protección supone una enorme traba en el desarrollo de su autocontrol. Es necesario que interioricen poco a poco ese control, que perciban que ese control no ha de estar sólo en el exterior, sino brotar de ellos mismos. Más adelante ampliaremos este apartado ya que tiene una importancia mayor de la que creemos…

→ De momento puedes ir haciendo un listado en Listas y Prioridades con aquellas conductas de sobre-protección que vayas observando tanto en ti como en tu pareja. Márcate Objetivos y Metas para tender poco a poco a controlarlas. Además de favorecer la educación de tus hijos, aprenderás a no sufrir innecesariamente por ellos.

 
La próxima semana os traeremos los 15 consejos sobre educación para la felicidad de María Montessori que revolucionaron el sector educativo a principios del siglo XX y todavía siguen muy vigentes hoy el día.
De momento, recordad: una de nuestras misiones consiste en propiciar que nuestros peques se enfrenten a retos que los hagan cada vez más fuertes y felices.

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